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Os traemos dos propuestas contundentes alejadas del género romántico para disfrutar de buen cine en francés.

Aunque deseamos un feliz día a todos aquellos enamorados que lo celebren, desde Lien hemos decidido no ser partícipes de la subida del nivel de glucosa que acompaña a cada San Valentín. Este artículo es precisamente para todas aquellas personas que preferirían atrincherarse en casa sin consultar sus redes sociales hasta que llegue el 15 de febrero antes que volver a recibir una imagen viral por Whatsapp de corazones y querubines.

Lo sentimos por Amélie Poulain, pero hoy no traemos paseos en moto por París. Tampoco habrá beso en Pont Neuf y ninguna llave repleta de promesas será arrojada al fondo del Sena. Lo que proponemos a cambio es todo lo contrario: dos películas muy diferentes entre sí para disfrutar de buen cine en francés y alejarnos, aunque sólo sea por hoy –o precisamente por ser hoy–, del romanticismo. Voila!

En la casa (Dans la maison, 2012): para saber lo que se siente al colarse en un hogar ajeno.

Probablemente cuando Juan Mayorga escribió la pieza teatral El chico de la última fila –cuya lectura sin duda recomendamos– no se pudo imaginar que al poco tiempo el director François Ozon quedaría fascinado por ella y la llevaría al cine en una adaptación totalmente fiel. Eso sí, lo hizo desde la mirada perturbadora a la que nos tiene acostumbrados. El experimento le valió varias nominaciones a los premios César y se alzó con la Concha de Oro en el festival de San Sebastián.

En la casa nos presenta a Germain, un profesor de literatura decepcionado por la mediocridad de los trabajos que realizan sus nuevos alumnos y el desalentador futuro que les espera. Sin embargo, se entusiasma con Claude, un alumno de perfil bajo que destaca con su trabajo por encima de los demás y a quién decide guiar para que siga desarrollando el don de la escritura.

El chico escribe sobre la extraña fascinación que despiertan en él los Rapha, la familia de clase media de otro compañero. Se obsesiona con volver una y otra vez a la casa en la que habitan y el profesor, como si se tratara de un folletín morboso por entregas, se engancha totalmente a la ambigua y perversa historia que Claude le ofrece fragmentada cada semana basada en ellos. ¿Quién enseña a quién? ¿Cuánto hay de realidad y cuánto de ficción en el texto del alumno? El duelo intelectual entre maestro y pupilo está servido.

En la casa es la opción perfecta para que olvidemos tanto estímulo pasteloso de San Valentín y recurramos a Dostoevsky.

En esta cinta Ozon se introduce de lleno en la meta-literatura. Presenta una obra dentro de otra obra en la que los límites se difuminan con facilidad. A partir de un thriller con toques de comedia teje una tela de araña que nos deja pegados a la silla durante los 102 minutos de duración del filme y consigue que nos sintamos realmente incómodos.

Crudo (Grave, 2016): para los que saben disfrutar de un filete poco hecho.

Si con En la casa llegamos a sentir incomodidad, Crudo hará que aquellos de corazón sensible –o mejor dicho, estómago– aparten la mirada en más de una escena. Con este prometedor debut, la directora francesa Julia Ducournau se hizo con varios premios en Sitges y Cannes y consiguió elaborar una fábula sobre la adolescencia que algunos calificarían, como mínimo, de extravagante.

Justine tiene 16 años y pertenece a una familia donde todos son vegetarianos. Es una buena chica centrada en sus estudios y planes educativos pero al ingresar en la misma facultad de veterinaria que su hermana para seguir con la tradición familiar, descubre un mundo despiadado donde las novatadas en el campus son rutina y sacan a la luz nuevas aristas de su personalidad.

Escena de la película francesa Crudo que muestra a su protagonista con cara de pocos amigos

La joven, como si de un mito clásico se tratara, se enfrenta a un viaje de autoconocimiento que inicia al probar un bocado de carne por primera vez. A partir de entonces, el ansia que llega a sentir se vuelve incontrolable y la lleva a alcanzar unos límites que ni ella misma –ni su hermana– se imaginaba.

Si todavía os quedan ganas de probar algún chocolate con forma de corazón este San Valentín, con Crudo van a desaparecer del todo.

A pesar de que la película de Ducournau está clasificada dentro del género de terror, hay que saber apartar la sangre y la carne para vislumbrar el trasfondo poético del filme que la directora deja intuir a través de la sensualidad de su cámara. Lo que nos propone a fin de cuentas es un ensayo sobre la adolescencia y el despertar sexual de Justine (el propio nombre de la protagonista ya nos da una pista) que explora, con el giro final de trama además, la determinación de la herencia y de aquello que biológicamente nos ceden nuestros progenitores, para bien y para mal.

Escena de la pelicula francesa Crudo

Tanto si celebráis este día por todo lo alto como si pensáis que el 14 de febrero sólo es un día más de frío invierno, estamos seguros de que sabéis disfrutar del cine en francés y no necesitáis ninguna excusa ni festividad para poneros cómodos y pasar un rato interesante, solos o acompañados, delante de la pantalla. Es este, sin duda, es el mejor regalo que podemos hacernos a nosotros mismos: tiempo y calma para ver una buena película.