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Si la sensibilidad del sujeto europeo va un poco más allá de lo básico, al pensar en la palabra Caribe, además de una playa, puede aparecer en la mente del pensador, como mucho, un puesto de fruta, una plaza ocupada, o una abuela que riñe como riñen todas las del mundo templado. No somos capaces de llegar mucho más allá si no hemos viajado a conocer otras realidades, en avión, en barco o a través del lenguaje.

Por eso, cuando Maryse Condé habla de tierra yerma, vientres vacíos y maternidades no deseadas, a quien desafía es anuestra conciencia europea, que ha intentado redimirse reclamando el Caribe como territorio paradisíaco, libre de todo sufrimiento, antes de reconocer que fue un punto caliente en la compraventa de nuestros esclavos durante varios siglos.

Para los que nos planteamos desde hace tiempo dónde está la identidad y la memoria de las personas vendidas, La Deseada es un alivio. Para los que nos paramos a pensar por primera vez en la voz interior de los esclavos afrodescendientes como si fuesen seres humanos, La Deseada es una bofetada que se debe recibir con los ojos en alto y las manos en los bolsillos.

Con el foco cenital puesto sobre Marie-Noëlle, la protagonista de la obra, en esta novela Maryse Condé nos cuenta las Antillas a través de la historia de tres mujeres de tres generaciones diferentes. La editorial Impedimenta trae el libro a España, mucho mejor tarde que nunca. Y es que La Deseada se publicó por primera vez en 1997.

Cubierta de La Deseada, la última novela de Maryse Condé publicada en España

La Deseada, una isla del archipiélago de Guadalupe

Cuando la novela fue escrita, la sociedad de Guadalupe no era lo que es ahora, según relata la propia autora. En una isla de estructura y jerarquía poscolonial, marcada por la compraventa de esclavos, el mestizaje criollo, y colonizada por Francia desde el siglo XVI, la figura del padre era un privilegio reservado a las clase alta criolla y a la burguesía negra, a la cual pertenece nuestra autora.

Condé cuenta a El Cultural que (…) solamente en estos círculos se veían familias con un padre y una madre (…) los niños de las demás clases sociales ignoraban en su mayoría quién era su padre: tan solo conocían a su madre, que se mataba a trabajar para mandarlos a la escuela y vestirlos.

Sin embargo, la sociedad guadalupense es ahora más responsable: incluso algunos hombres llevan a sus hijos al colegio, y hasta juegan con ellos. Aunque hemos cambiado mucho, todavía falta un largo camino que recorrer, para salir de la injusticia y para salir de la periferia. Con este libro, quizá, algunos kilómetros se nos hagan más fáciles.

Lo curioso de la periferia es que, estrictamente, solo existe para quien vive fuera de ella. Para todos los demás, los márgenes son el centro. Uno no puede mirar hacia fuera sin antes reconocer que el centro no es una verdad absoluta sino un accidente que podría haber ocurrido en cualquier otro lado. Por eso, para los lectores continentales de Maryse Condé, La Deseada es a partes iguales necesidad pedagógica y disfrute literario.

Fotografía de Maryse Condé

Maryse Condé, en el centro de la periferia

Maryse Condé nació en Pointe-à-Pitre, Guadalupe. Los títulos geopolíticos que pesan sobre la isla ya resultan quirúrgicos y distantes:departamento de ultramar de la República Francesa. Región Ultraperiférica de la Unión Europea.

Dentro de este territorio RUP hay una familia que da la bienvenida a Maryse en 1937. Los padres de la escritora, funcionarios del gobierno francés pertenecientes a la pequeña burguesía, gozan de cierto estatus social en la isla. Al trabajar para el Estado, la familia tiene derecho a pasar tiempo en la metrópoli continental.

El viaje desde la isla antillana hasta París fue para la familia Boucolon (el apellido original de Maryse) también un traslado del centro al margen que acompaña a toda la obra de esta autora: al viajar a París, los padres se dan cuenta por primera vez de que son negros.

Este centro descentrado se ha traducido después en una especie de sino que parece permear no solo la obra sino la vida de Maryse Condé, que ha recibido el Premio Nobel, pero el Alternativo. Que recibe una reverencia de la comunidad lectora española cuando ya ha perdido la visión. Que ya no necesita volver a Guadalupe, porque Guadalupe ya no existe.

Guadalupe está en mis recuerdos. Ya no necesito volver, porque está conmigo.

Un grito particular

Vive rodeada de sus hijos, nietos y bisnietos en su casa del sur de Francia, y está contenta de que el público español pueda descubrir La Deseada, (a través de la traducción maravillosa de Martha Asunción Alonso). Si no estuviésemos en medio de una pandemia, seguramente habría ido a Barcelona para presentar el libro, como ya hizo en su día con Corazón que ríe, corazón que llora, también de Impedimenta.

Maryse Condé ya no puede escribir, y sin embargo acaba de terminar su última novela. Tiene párkinson desde hace unos años, y usa sellos en lugar de bolígrafos para firmar autógrafos. Insiste en levantarse para las fotos. Le ha dictado su última novela a su marido, Richard Philcox: traductor y, aparentemente, transcriptor.

Después de leer sus novelas, escritora, lectora y personajes llegan a la misma conclusión: para poder vivir hay que tener palabras propias, metáforas, o identidad, si es que las tres cosas no son lo mismo. Lo cual significa que una parte de Maryse Condé acaba de empezar a vivir en la lengua española, y que una parte de lectores hispanohablantes ha realizado un viaje de ida a una pequeña isla del caribe antillano. Y, por eso, estamos de enhorabuena.