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¿Os apetece una visita a la pâtisserie? Sabemos que el cambio de estación puede hacerse un poco cuesta arriba, así que hemos pensado en endulzarlo un poco con esta lista de postres franceses.

Ya hemos hablado antes de lo amplia, rica y variada que es la gastronomía francesa, considerada Patrimonio Inmaterial de la UNESCO desde 2010. Precisamente por ello, volvemos a la carga, pero esta vez para explorar su faceta más dulce. Os presentamos un viaje culinario para descubrir los postres franceses más exquisitos.

el cruasán, uno de los postres franceses más icónicos

Croissant

Imposible no empezar por uno de los elementos gastronómicos más icónicos y universalmente conocidos de Francia. Harina de fuerza, levadura, agua fría, azúcar, una pizca de sal y mantequilla. Nada más. Este bollo esponjoso con forma de media luna no necesita presentación. Su origen se remonta a la Viena del siglo XVII y, al parecer, llegó a París gracias a la reina austríaca María Antonieta, una verdadera amante del dulce. Desde entonces, el croissant quedó incorporado a la cultura culinaria francesa para siempre.

Crème Brûlée

Es una deliciosa crema a base de huevo y leche aromatizada con vainilla, licor, semillas y especias, primero cocida y después horneada. Su peculiaridad es la capa crujiente de azúcar caramelizada que cubre su superficie. Generalmente se sirve en recipientes de barro y es habitual servirla con frutos rojos como frambuesas o arándanos. Su origen no está muy claro, algunos defienden que es la versión francesa de la crema catalana mientras que otras voces aseguran que, a pesar de su nombre, es un postre de origen inglés.

Éclair

Para los que no conozcan esta pequeña maravilla, el éclair es un clásico de la pastelería francesa que cuenta con su propio día en el calendario, el 22 de junio. Obtienen ese nombre, que traducido significa relámpago, por su forma alargada y fina. Fueron creados en el siglo XIX por el pastelero Marie-Antoine Carême. Otra curiosidad sobre este dulce es que formó parte de la última cena servida en el lujoso –y fatídico– Titanic. Se elabora con una fina pasta llamada choux y se rellena tradicionalmente con crema pastelera o chocolate, aunque hoy en día se pueden encontrar con rellenos de diferentes sabores como café o pistacho.

Clafoutis

La clafoutis es uno de los postres franceses más singulares. Procede la región de Limousin y ya durante el siglo XIX estaba muy extendida por todo el país. Se elabora horneando en un molde cerezas sumergidas en una masa líquida muy similar a la de los crepes a base de huevo, lecho, harina, mantequilla y azúcar y finalmente presenta una textura entre la del budín y el flan. Cuando a esta misma receta se le añade otro tipo de fruta como manzana o pera, se le llama flognarde o flaugnarde, a las que se conoce como clafoutis de invierno, pues las cerezas sólo están disponibles durante la época estival.

postres franceses: macarons de colores dentro de un bol

Macarons

¿Se os ocurre algo más instagrameable que unos macarons dispuestos de manera «cuqui» en un plato? Crujientes por fuera y cremosas por dentro, estas galletas francesas de colores llamativos y sabores sutiles, pero tan diversos como grosella o chocolate blanco, surgieron en el siglo XVII y asistieron a banquetes de bodas reales, como la de Luis XIV y María Teresa de Austria y Borbón. Para hacer un macaron son indispensables tres ingredientes base: harina de almendra, azúcar y clara de huevo. Después entra en juego la creatividad de cada pastelero para elegir el relleno.

Flan Pâtissier

El Flan Pâtissier o Flan Parisien es una de las grandes maravillas de la tradición pastelera francesa que también surgió durante el siglo XIX y que hoy puede encontrarse en cualquier pastelería o cafetería francesa. Su nombre puede despistarnos y pensar que nos encontramos ante un flan como el que todos conocemos, pero en realidad se trata de un pastel elaborado a partir de una base de masa quebrada u hojaldre y un relleno de crema pastelera horneada a la que a veces se le añade una parte de nata líquida para montar (como hacen los portugueses para preparar sus famosos Pastéis de Belém). Su textura es tan suave y resulta tan deliciosa que una vez que se empieza a comer es difícil parar.