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La octava película de Jacques Audiard es, a su vez, la primera que rueda en inglés. ‘The Sisters Brothers’, un western fascinante estrenado el pasado mayo que ya es una de las cintas imprescindibles del 2019.

(Aviso: en este artículo se revelan algunos detalles de la trama)

Durante la primera mitad del siglo XX, las carteleras de cine estaban copadas por películas del oeste. El western era el género americano por excelencia y se extendió como la pólvora por el resto de continentes. Pronto todo el mundo vio cabalgar por llanuras polvorientas a John Wayne o a Clint Eastwood en películas que ya forman parte del patrimonio cinematográfico de la humanidad. Pero el momento de gloria de pistoleros y forajidos llegó su fin dando paso a otros protagonistas.

Sin embargo, lejos de estar extinto, el western es un género al que se vuelve con cierta regularidad. En los últimos años directores aclamados como Tarantino o los hermanos Coen (por citar sólo un par de ejemplos) han reinventado la narrativa del lejano oeste pasándola por un filtro del siglo XXI para explorar sus mitos desde diferentes ópticas más cercanas al existencialismo que a los duelos con pistolas al amanecer.

Nunca pensé que dirigiría un western, porque es un género casi vedado para un director francés. Sin embargo, el hecho de que fuera un actor estadounidense el que nos ofreciera el proyecto creo que nos legitimabaJacques Audiard

A la larga lista de westerns contemporáneos se suma The Sisters brothers (Les frères Sisters, 2018), el último filme de Jacques Audiard, conocido por dramas humanistas como la excepcional Un profeta (Un prophète, 2009) o De óxido y hueso (De rouille et d’os, 2012). El francés se ha basado en la novela homónima del novelista canadiense Patrick deWitt, aunque hacerlo no fue exactamente idea suya. Fueron el actor John C. Riley y la productora Alison Dickey quienes, tras un encuentro con el realizador en el festival de Toronto, sedujeron a Audiard para llevar al cine la novela. En principio se comprometió, al menos, a leerla; pero debió intuir el potencial del texto porque aceptó el reto y escribió junto a Thomas Bidegain, su guionista cómplice, uno de los mejores guiones de los últimos años.

The Sisters Brothers: todo por el oro

Es el año 1851 y los hermanos que dan título a la película son Eli (Jonh C. Reilly) y Charlie (Joaquin Phoenix), un par de cazarrecompensas que trabajan para un hombre rico y poderoso conocido como el Comodoro en plena fiebre del oro. Los dos en equipo hacen el trabajo sucio, que básicamente consiste en liquidar a mucha gente. Charlie es un hombre impulsivo y violento que se siente cómodo con este trabajo y disfruta de la reputación que los hermanos se han ganado a pulso. Por otra parte, Eli, mucho más sensible y razonable, está cansado de este estilo de vida y anhela una vida tranquila.

Ambos siguen las pistas de un detective llamado John Morris (Jake Gyllenhaal), un hombre culto y educado que también trabaja para el Comodoro. Su tarea es dar con Hermann Kermit Warm (Riz Ahmed), químico que ha encontrado la clave para detectar el oro rápidamente en el agua. Pero Morris y Warm son espíritus afines y le complicarán el trabajo a los Hermanos Sisters, que cabalgan desde Oregon hasta San Francisco para dar con ellos.

Todo lo que el western de Audiard no tiene de western

No hay que perder de vista el hecho de que un director francés haciendo una de vaqueros ambientada en Norteamérica es una rareza. Si pensamos en el cine galo difícilmente lograremos relacionarlo con el lejano oeste. Sin embargo, Audiard consigue una historia bien contextualizada que no desentona estéticamente con los cánones del género. No obstante, gracias a la magia del cine, nadie del equipo pisó suelo americano durante el rodaje. Los majestuosos escenarios naturales que vemos en la cinta y que se convierten en poesía pura a través de la fotografía de Benoît Debie, pertenecen a diferentes lugares de España y Rumanía.

El de Audiard es un western crepuscular. Su historia narra el final de una época. Los forajidos y las ciudades sin ley deben dar paso a la civilización. Las primeras grandes ciudades se adaptan a su propio bullicio y elementos cotidianos como un simple cepillo de dientes adquieren la naturaleza de descubrimiento insólito. El humor –negro– forma parte de esta narración. Se hace presente en su justa medida sorprendiendo al espectador con su propia sonrisa cómplice compartida con los personajes.

Si bien algunos momentos de la trama y algunas escenas parecen muy típicas de un western de acción, la impronta del director los dota de toda singularidad. Los tiroteos están elegantemente ocultos en la oscuridad lógica de una noche cerrada, entre las ramas del follaje en la orilla de un río o bien se perciben desde el interior de una habitación; nos llega el sonido y es más que suficiente. La violencia y los asesinatos, a pesar de estar en la rutina de Charlie y Eli, están situados en un segundo plano. Donde Audiard quiere que nos fijemos es en la relación entre los dos hermanos, en los traumas y la oscuridad que arrastran y, sobre todo, en las diferencias que los separan.

Pero esta no es la única relación que explora el director en The Sisters brothers. La que se establece entre Morris y Warm, captor y capturado, surge después de un violento forcejeo y algunas conversaciones a cara descubierta. La afinidad entre ambos se basa en el idealismo y la fe compartida en la civilización y la paz. Warm, como una especie de mesías o de visionario, convence con sus argumentos al detective, que, como el resto de personajes, aspira a algo mejor. Ambos se aferran a la idea de fundar una ciudad libre en la que la igualdad entre hombres sea una realidad y unen esfuerzos para ello.

Creo que, en general, esta es mi película más luminosa y optimista. Necesitaba alejarme un poco de la oscuridad.Jacques Audiard

Un reparto a la altura del guión

Cierta melancolía se cierne sobre los cuatro personajes de principio a fin. Audiard logra solventemente contrastarla con la violencia del filme sin que llegue a chirriar. Pero este éxito también corresponde a los actores. Un reparto en estado de gracia en el que John C. Reilly -que también produce- brilla con luz propia y se muestra como una fuente de fragilidad, humanidad –sí, a pesar de los asesinatos– y nobleza con la que es imposible no empatizar. Joaquin Phoenix, por su parte, misterioso, atormentado, soberbio; equilibrando la balanza.

Ambos actores están cómodos con sus personajes y también lo están entre ellos. La química de los protagonistas se hace tangible y además se potencia con las intervenciones de Jake Gyllenhaal y Hermann Kermit Warm. Un casting más que acertado con intérpretes carismáticos y entregados a quienes queremos acompañar durante los 121 minutos de metraje, sobre todo si es con la magnífica -y sorprendente- banda sonora de Alexandre Desplat de fondo.

Con The Sisters Brothers Audiard sigue deconstruyendo géneros cinematográficos y vuelve a exponer su esencia; aquella que nos dejó pegados a la butaca con Un profeta. La esencia con la que consigue que la película no abandone nuestros pensamientos ni nuestra retina durante días. No sólo os recomendamos ver la película, os recomendamos verla, al menos, un par de veces.