El pasado febrero se estrenó High life, la primera y provocativa incursión en la ciencia ficción de una de las directoras más consagradas del panorama cinematográfico contemporáneo.

Claire Denis recorrió con High life las secciones oficiales de algunos de los festivales de cine más importantes en 2018: el Festival de Toronto, el de Sitges – aunque lo hizo fuera de concurso– y el Festival de Cine de San Sebastián, donde se alzó con el prestigioso FIPRESCI.

Su último trabajo, el primero rodado en lengua inglesa, supone también la primera inmersión en el género de la ciencia ficción de la realizadora. Ella misma firma el guión junto con su mano derecha, Jean-Pol Fargeau y los novelistas Zadie Smith y Nick Laird.

La vida espacial es la vida mejor

Dentro de la ciencia ficción las películas que se desarrollan en el espacio suponen un subgénero en sí mismas. La curiosidad y el deseo del ser humano por explorar, conquistar o buscar refugio en otros planetas lleva años plasmándose en el cine y plantándose como una semilla en nuestro imaginario colectivo.

Pero la aventura espacial ha evolucionado desde los años 60 y ahora va mucho más allá del mero entretenimiento. Abordar cuestiones existencialistas, políticas, ecológicas o incluso sociales desde la intimidad claustrofóbica de una nave espacial, es algo que Hollywood nos ofrece una y otra vez.

Buena parte del género se apoya en la idea de la conquista y la dominación del espacio, y es un concepto que no me interesa en absoluto
Claire Denis

En los últimos años, y de manera consecutiva, el gigante del cine nos ha brindado grandes epopeyas espaciales. Gravity de Alfonso Cuarón en 2013; la épica cuántica de la Interestellar de Christopher Nolan en 2014, The martian de Ridley Scott en 2015, The arrival en 2016 firmada por el canadiense Denis Villeneuve… La lista es extensa y demuestra que el género espacial todavía da para mucho y se puede profundizar en él desde numerosos puntos de vista.

Robert PAttinson en el papel de Monte junto con el bebé de pocos meses que interpreta a Willow, su hija. Ambos descansan en la cama de un decorado futurista en un fotogframa de la película High Life de Claire Denis.

El de Claire Denis en High life trasciende el escenario futurista para profundizar en la condición humana. El viaje que propone es de fuera a dentro; del espacio exterior hacia ese espacio interior, íntimo de cada uno. Y lo hace a través de un grupo de condenados a muerte que aceptan conmutar sus sentencias por formar parte de una misión con destino al agujero negro más cercano a la Tierra.

El argumento: conejillos de indias, probetas y angustia existencial

En una realidad distópica, la necesidad de conseguir nuevas fuentes de energía es alarmante. Se llevan cabo misiones espaciales en naves-cárcel tripuladas por convictos para extraerla de remotos agujeros negros. Denis comienza la película mostrando la rutina de Monte (Robert Pattinson) y su hija de pocos meses Willow, el primer ser humano que no ha conocido la Tierra.

Sobreviven en una de esas naves completamente solos; totalmente aislados en mitad del cosmos. Sabemos que lo peor ya ha ocurrido, pero no qué pasó. Poco a poco la madeja se va desenredando hacia atrás y conocemos a Dibs (Juliette Bicnoche), una doctora genetista de dudosa moral empeñada en crear vida en un entorno hostil y condenado a la muerte.

Primer plano de Juliette Binoche en un fotograma de la película High Life de Claire Denis

Experimenta con sus compañeros de viaje como si fuesen conejillos de indias hasta que consigue fecundar a una de las tripulantes contra su voluntad. El grupo poco a poco ha ido aniquilándose en el interior de la nave y cuando sólo quedan Monte y Willow, el espectador ya se ha enfrentado a lo más oscuro, pero Claire Denis todavía guarda un bonus track.

Una leyenda viva

Desde que en 1988 se diera a conocer con su ópera prima Chocolat, la realizadora francesa ha ido construyendo una carrera cinematográfica sólida y arriesgada. Con trece largometrajes a su espalda, Claire Denis es una de las directoras en activo más importantes del panorama del cine contemporáneo.

Antes de firmar su primera película trabajó como asistente de dirección con los legendarios Wim Wenders y Jim Jarmush. Su estilo, espontáneo pero contundente donde lo sensual y lo físico están presentes, se deja ver en este acercamiento la ciencia ficción –eso sí, low cost–. Esta aproximación al género no sorprende, pues la directora se siente cómoda en cualquier ámbito cinematográfico, como demostró con el polar en No puedo dormir (J’ai pas sommeil, 1994), con el bélico en Buen trabajo (Beau travail, 1999) o con la comedia en Un bello sol interior (Un beau soleil intérieur, 2017).

Con High life Claire Denis ha conseguido una cinta difícil de definir alejada de los cánones comerciales y de la pirotécnica propia de las películas espaciales. Nos brinda, en cambio, una historia fragmentada que se aleja también así, en su forma, de la cómoda tradición narrativa para ponernos a prueba y explorar a base de flashbacks los aspectos más viscerales de la condición humana como la soledad, los impulsos sexuales o los vínculos afectivos entre padres e hijos.

Claire Denis durante el rodaje de High life

Sí: Robert Pattinson y Juliette Binoche en la misma película

En el trabajo interpretativo de Robert Pattinson queda ya muy poco del joven vampiro con aire emo que conquistó el corazón de miles de adolescentes en la saga Crepúsculo. Siendo mucho más selectivo con sus trabajos, fue él mismo quien le pidió a Claire Denis trabajar con ella convencido de que surgiría química entre actor y directora. No se equivocaba.

El triángulo ganador lo completa la maravillosa Juliette Binoche, actriz francesa reconocida internacionalmente que ya se había puesto bajo la batuta de la realizadora en trabajos anteriores.

La actuación de ambos funciona y arrastra al espectador hacia una bizarra y poética espiral. Una exploración del deseo que surge entre dos personajes que ya están desahuciados y derrotados desde el principio. Pero no son los únicos que aportan su talento para generar la atmósfera asfixiante de que se respira en la nave. Al reparto se unen la británica Mia Goth, a quien pudimos ver en Nynphomaniac: Volumen II de Lars Von Trier, el rapero André 3000 y la pequeña bebé Scarlett Lindsay.

Un canto ecologista subliminal

High life da la impresión de ir al hueso de nuestro tiempo. Bajo todo su discurso de moral humana atrofiada, de ausencia de ética científica, bajo el existencialismo que plantea hay presente una denuncia ecologista. La catástrofe medioambiental es una nota de fondo que se nutre del temor que vivimos al llevar a nuestro planeta al límite y al saber que casi es demasiado tarde.

Una vez más el cine nos muestra el espacio exterior como la última oportunidad, como un terreno a conquistar. Pero el trayecto del viaje debe hacerse al inverso, hay que viajar al espacio interior, a lo más íntimo y oculto de nosotros mismos para despertar nuestra conciencia colectiva y hacerlo ya. De una vez por todas.